¿EXISTE VIOLENCIA DE GÉNERO A TRAVÉS DE LA ALIMENTACIÓN ?

Desde el nacimiento, se maneja el concepto ancestral que la mujer es más resistente que el hombre, por sí solo se tiene como una creencia social automática. Hasta se ve normal que la mujer está condenada a padecer hambre o verse limitada en la ingesta de alimentos en el hogar y ceder su comida en pro de los suyos. No hay una igualdad alimenticia, la mujer reparte los alimentos y vive carencias nutricionales incluso de manera instintiva como suplidora.

Y nos preguntamos ¿Puede haber violencia de género a través de la alimentación? Una mujer que a través de la alimentación ha sido sometida, atormentada, negada, limitada, castigada, recompensada, carenciada, obligada; es una práctica que afecta el comportamiento directamente, con esa conexión vital a través de algo tan sencillo como comer. Va generando una especie de auto maltrato que se refleja en el rechazo o consumo de alimentos, culpas por comer y una mala relación con la comida a lo largo de la vida, inclusive llevando a trastornos alimenticios.

Para citar algunas situaciones en las que se ve reflejada la violencia de género en la nutrición de manera indirecta o como consecuencia de aspectos económicos, se aprecia en la falta o limitación de la Pensión Alimenticia: La compra de alimentos dependerá del presupuesto destinado para la comida. No tener el dinero correspondiente mantiene a la mujer dependiente del maltrato a través de la alimentación para sus hijos.

Vamos a las realidades que viven las mujeres que tienen literalmente que velar una pensión alimenticia, limitando la compra de los alimentos pero como madre, priorizan la nutrición de sus hijos y por consiguiente, ellas no se nutren adecuadamente y quedan con hambre. La mayoría de las veces consumen las sobras de sus hijos pequeños, quedando afectadas en su estado nutricional, su salud, estado psicológico, bajo rendimiento físico, limitaciones en el conocimiento, el aprendizaje y desarrollo de facultades que llevan a la desigualdad en las mujeres.

Una persona con hambre come lo que sea y no toma en cuenta o desconoce sobre valor nutritivo de un producto o alimento, porque nutricionalmente va a suplir la sensación que el cuerpo está reflejando, inclusive comer sobras para poder saciar esa sensación de hambre y debilidad. Tiene la necesidad de comer o beber cosas dulces o grasosas que repercuten en una mal nutrición y llevan a una bajo peso, sobre peso u obesidad. Así vemos que un factor como la falta de la pensión alimenticia, incide en violencia de género en la nutrición del que la mujer es objeto de manera indirecta y que debe considerarse en pro de preservar su salud.

Otro factor que promueve la violencia de género en la mujer a través de la alimentación, se ve reflejado en el rechazo a la apariencia física por la pareja. Es un aspecto de maltrato que encaja en lo psicológico y que también repercute en el maltrato a la sexualidad de la mujer. Cuando hay rechazo a la apariencia física por parte de la pareja, puede llevar a una mujer a someterse a dietas limitantes o reductoras para complacer el gusto físico y la aceptación de su cónyuge.

Si la contextura o composición corporal de una mujer no corresponde al gusto de su pareja, va llevando a una afectación psicológica por el rechazo físico y verbal que recibe. Los patrones sociales o gustos personales crean una falsa creencia, es el caso que viven muchas mujeres con un físico grueso o ancho, porque sus huesos son gruesos o su revestimiento muscular y graso son grandes y pesados. O a la mujer que después de embarazos no ha podido volver a su peso.

No lograr corresponder el gusto particular según la perspectiva de su pareja por “lo bonito o lo que le gusta” puede hacer sentir a esa mujer de contextura gruesa, muy rechazada y descalificada afectando su autoestima, porque físicamente “ella no posee las características que son requeridas” sintiéndose culpable de su genética y llevándola a una desvalorización personal por no lograr cumplir con las exigencias de la pareja.

Por último otro aspecto que indirectamente repercute en violencia en la nutrición, se da cuando la mujer tiene hijos de una pareja anterior y su pareja actual controla la compra y el consumo de alimentos para su prole, la madre se ve en la necesidad de sacrificar su ración en pro de cubrir las necesidades de esos hijos sin “derecho” a una alimentación igualitaria, debido que los alimentos no son para los hijos que no corresponden al matrimonio del proveedor.

A través de la alimentación se puede dar la violencia de género ya sea que repercuta en lo psicológico, económico y hasta sexual pero no se señala directamente sin embargo, vivir el hambre o la falta de alimentos puede ser un maltrato imperceptible y debe ser tomado en cuenta por las repercusiones de nutrición, salud, autoestima, valoración, carencias y compensación, que tiene en la vida adulta y peor aún cuando se vive desde la niñez .

El comportamiento hacia los alimentos puede generarle tal inseguridad a una mujer que llega a tenerle miedo a comer o un apego tan grande por la comida que en ambas situaciones le lleva a una afectación a su salud, física, mental y psicológica.

Ivis Marcela Armien

Nutricionista -Dietista
Con 33 años de formación profesional egresada de la Universidad Federal de Río de Janeiro -Brasil.
Especialidad en Bioquímica de la Nutrición y tratamiento de enfermedades metabólicas, con 24 años en Atención clínica nutricional a nivel privado adultos y embarazadas.
Certificada en manejo de Coaching Nutricional, PNL en Salud, certificada en Mindfulness emoción y alimentación
Maestría en docencia superior.
Atención nutricional online 6616-6136
http://www.nutrirpanama.com
@nutrirpanama

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