La clave del éxito está en “hacerlo bien más contarlo bien”; y resulta que, el orden de los factores altera el producto, en especial, cuando se trata de construir un proyecto con reputación positiva.
Por: Raquel Robleda
«Hay que empezar por el principio. Hay que tener un propósito ético y trabajar con compromiso, empeño y dedicación”.
Siempre le digo a mis alumnos que la clave del éxito está en “hacerlo bien más contarlo bien”; y resulta que, el orden de los factores altera el producto, en especial, cuando se trata de construir un proyecto con reputación positiva.
Esto aplica para toda persona que quiera desarrollarse y crecer en la vida, sin importar su género, y si decidiéramos construir un mundo igualitario lleno de todos esos derechos que tanto nos cansamos de proclamar de palabra, pero en la mayoría de las ocasiones, no de hechos, sería un mundo ideal, seríamos felices y comeríamos perdices, como dicen en España.

Pero, hay un pequeño problema. Nuestro mundo occidental —porque simplemente no me voy a meter en el Oriente que no conozco—, nos presenta realidades que nos llevan a plantearnos muy seriamente la poca sensibilidad social hacia la inclusión y hacia la igualdad o equidad de género, como se entienda mejor.
Para las mujeres todo se complica, eso me lo ha mostrado el camino con creces. Las oportunidades siempre son más limitadas, el mundo para la mujer es siempre más competitivo, pero el gran desafío y el más valioso es poder emprender con un propósito y sentirte imparable.
¿Cómo lo haces? – me preguntan a diario -, si nunca te quedas quieta. El día que estoy tranquila siento que pierdo el tiempo. ¿Cómo es posible que no tenga nada que hacer?
Mis días son una combinación fantástica de actividades, y “ojo”, que eso no ha cambiado durante la pandemia. La tecnología nos ha permitido entretenernos, mandar abrazos virtuales a los que echamos de menos y sobre todo seguir trabajando y que no me alcance el tiempo. Trato de organizarme y manejar una agenda que a veces se multiplica y termino teniendo tres agendas distintas, pero al final los planetas se alinean y de alguna manera todo fluye y se logran atender los compromisos, unos adquiridos por negocios y otros por voluntariado o simplemente porque me gustan y me llenan de la energía de personas positivas.
Lo importante es que la vida tenga sentido, que el emprendimiento esté diseñado y activarse con propósito:
Motivarse: sin un motivo no hay camino, y ese camino se construye con base en aciertos y desaciertos. Aprende a convertir las debilidades en fortalezas y si te caes siete veces, levántate ocho, como dicen los japoneses; pero nunca dejes de encontrar un motivo dentro de ti. La palabra clave es: ¡Resiliencia!
Inspirarse: sin inspiración y sin modelos a seguir, no encontraríamos propósito. El corazón siempre encuentra la fuerza que nos convence. La actitud positiva es la mejor medicina para superar las barreras. Asegúrate de desarrollar empatía con las personas y escoger a las de éxito, a esas que tienen mucho que aportar. La palabra clave es: ¡Fortaleza!
Empoderarse: sin organización y planificación nada sale bien. Las estructuras y los procesos son imprescindibles para obtener resultados positivos. La agenda, la organización y distribución del tiempo son cruciales para obtener ganancias. Es necesario trabajar duro, eso no lo podemos dejar a un lado, pero cuando tienes motivos e inspiración simplemente lo haces sin darte cuenta. La palabra clave es: ¡Equilibrio!
Responsabilizarse: sin responsabilidad no se materializa el propósito que es la meta. La responsabilidad implica establecer valores que, pase lo que pase, no nos saquen del camino trazado. Hay muchas formas de llegar a la meta, escoger la correcta parece siempre la más difícil, pero será la exitosa. Hay que abrir la mente y el corazón y ser receptiva a la crítica constructiva, especialmente la de aquellas que son tu inspiración. La palabra clave es: ¡Ética!
Comunicarse: sin historia no hay acción, cada día se saca una foto nueva que va perfeccionando el guion de una película llamada reputación. Es importante crear un mensaje que vaya siempre contigo de principio a fin y que lo repitas a diario, hasta la saciedad y el cansancio. Si no cuentas lo que haces, no podrás persuadir a las personas de comprar tu producto, tus servicios y tu historia que siempre te acompañará, hagas lo que hagas, y más ahora que tenemos redes sociales, las cuales debes activar sin lugar a dudas.
No cabe duda de que hay barreras. El miedo nos asalta siempre. El miedo a comenzar por falta de conocimientos, el miedo a fracasar por muchos motivos, que en la mayoría de los casos son perfectamente superables. Lo importante es atreverse y recordar que sentir miedo es normal, los nervios siempre te acompañarán, forman parte del juego, pero lo que no puedes permitir es que se apoderen de ti.
Cada etapa tiene su encanto y debes consolidarlas para llegar a la meta:
Prepárate mental y financieramente. Tradicionalmente, se dice que debes establecer la misión, la visión y los valores. Yo digo que debes fortalecerte a ti misma, creértelo y empoderarte de tu propósito.
Establécete. Decide si el modelo de negocio es presencial y requiere de una oficina, si es virtual y de oficina itinerante o es una combinación de ambos. Aprovecha la tecnología y considérala, más aún en tiempos de pandemia por la Covid-19.
Juégatela. Decide cuándo empiezas y tírate al agua. Nunca encontrarás el momento ni la fecha perfecta. Eso no existe en la vida porque simplemente la vida no es perfecta.
Ser valiente, empática y decidida son características de las mujeres. Recuerda que son los pequeños detalles los que hacen grandes diferencias; son mujeres cercanas las que nos inspiran más que aquellas en grandes ciudades y firmas relevantes que nos parecen lejanas. Siempre hay pequeñas cosas e historias cerca de casa que nos motivan. Esos son los detalles que queremos rescatar porque nos ayudarán a comprender que ahí radica el arte de emprender.
Sobre la autora:
Raquel Robleda
Periodista, comunicadora, abogacía en Responsabilidad Social. Profesora de Crisis y RS Líder LoopXperts.com
Este artículo fue publicado en la tercera edición de la Revista somos Mujer, en agosto del 2020, año en que surgió la pandemia por el Covid-19 su edición se realizaba en formato PDF y se distribuía por WhatsApp y correo electrónico.







