Con motivo del Día de la Mujer Indígena, 5 de septiembre, en Somos Mujer queremos compartir nuevamente una entrevista que publicamos en la cuarta edición de nuestra revista en septiembre del 2020. En aquella ocasión, se distribuyó en formato PDF por mensajería y correo. Hoy, presentamos esta historia inspiradora de Petita Ayarza, la primera mujer Guna Yala en ser diputada de la Asamblea Nacional de Panamá, ahora en nuestra versión digital.
Por: Alexandra Patiño H.
Abingungalu traducida al español desde la lengua Guna Yala significa encuentro de dos culturas.
Precisamente Petita Ayarza es una mujer que contiene lo mejor de dos culturas, la de sus ancestros, a quienes honra con cada palabra y cada acción, y la de los occidentados como llaman a las personas que no pertenecen a su cultura. Las vivencias entre dos mundos forjaron la mujer que es.

Fué la primera mujer Guna Yala que se conviertió en diputada de la Asamblea Nacional de Panamá. Petita nació en 1965 en Rio Sidra, corregimiento Narganá de la Comarca Guna Yala.
La educación ha sido uno de sus pilares para ser la mujer empoderada que es y aunque fue madre adolescente no abandonó sus estudios, muy por el contrario, se hizo socióloga, técnica en Turismo Geográfico y Ecológico y licenciada en Recursos Humanos, como también ha participado en diferentes cursos y seminarios a nivel nacional e internacional. Además de política es una reconocida emprendedora en su comarca.
El interés por la sociología lo desarrolló cuando tenía 7 años. A esa edad vivía en la isla rodeada de una familia numerosa, en medio de la naturaleza paradisíaca, jugando en libertad y disfrutando del amor fraternal, luego al irse a vivir con sus padres a la provincia de Panamá, observó como los grupos minoritarios eran discriminados, incluso entre ellos mismos. Esto empezó a despertar su interés por superarse a sí misma a través de la educación. Cuando termina la secundaria empieza a participar de capacitaciones sobre los derechos de la mujer compartiendo con otras mujeres de grupos vulnerables quienes hoy son mujeres empoderadas.

A los 13 años contrajo matrimonio arreglado por su madre desde que tenía 12 años —según sus tradiciones— con Pasquel Archivold Vásquez, pero no es hasta que tiene sus 15 años que consuman el matrimonio. Tuvieron cinco hijos, cuatro hombres y una mujer, quienes les han dado la dicha de tener nueve nietos. Ser madre no fue impedimento para estudiar, cargaba con sus hijos y en su bolso llevaba alimentos y juguetes para entretenerlos mientras ella estudiaba.
Pasquel Archivold Vásquez, su amigo, compañero y esposo, en todo momento la animó a cumplir cada uno de sus sueños, apoyándola sin ejercer la autoridad de prohibirle estudiar como hubiera podido hacer por ser el hombre quien toma las decisiones —según su cultura—, en todo momento la incitaba a que aprendiera y regresaran a la comarca para ayudar. Es importante resaltar que la suegra de Petita educó a su hijo para que mostrara respeto y equidad, educación que fue evidente en la manera de actuar de Pasquel con Petita.

El rol de la mujer dentro de su comunidad es el cuidado de la familia, ya que las decisiones están reservadas al hombre como cabeza de familia. El papel de la mujer es de sumisión, aunque la mujer es respetada y escuchada. Normalmente no disfrutan de la adolescencia porque pasan de ser niñas a madres a muy temprana edad.
A sus 30 años, su esposo decide que deben volver a la comarca, establecen su primer emprendimiento y la motiva a que participe en política activamente y que trabaje en su autoestima y liderazgo. Esta experiencia le sirve para desarrollar habilidades negociadoras y de trabajo en equipo que hacen que sea vinculada al Congreso Comarcal de Guna Yala, tradicionalmente liderado por hombres.

Petita se ha propuesto objetivos que son casi impensables para una mujer indígena, pero todos y cada uno los ha logrado gracias a que se empoderó a través de la educación con disciplina, esfuerzo, mente abierta y humildad. La fe ha sido otro de sus grandes pilares, es una mujer creyente que ha sabido equilibrar dos mundos, dos culturas diferentes, conservar su identidad indígena, sus tradiciones y sentirse orgullosa, así ha podido vencer cualquier resistencia en un mundo gobernado por hombres.
Visualiza para el 2050 a una mujer indígena mas participativa en puestos de decisión y poder a través de la educación a madres que puedan educar a niñas y niños en igualdad, apoyo a emprendimientos de mujeres, capacitaciones en diferentes oficios, educación de calidad y apoyo entre mujeres.
El mensaje que Petita Ayarza desea dar a todas las mujeres es creer en sí misma, que hombres y mujeres somos iguales, alimentar una vida espiritual en la que exista un creador, vivir en armonía con la naturaleza, ser tolerantes, apoyarnos entre mujeres y apostar por la equidad.
