El abuso evidente y público a manos del reconocido narcisista misógino Kayne West sin aparentes consecuencias sociales, enseñó al mundo que el cuerpo femenino es usado como arma para la polémica, la viralización y el consumo de redes sociales, con la consecuente deshumanización de la mujer, en este caso, su propia esposa.
Por Margarita Echavarría Ruiz / comunicadora social y máster en gestión cultural
Lo ocurrido en la alfombra roja de la edición número 67 de la entrega de premios Grammy más que una reacción por el escándalo generado por el desnudo total de Bianca Censori, la mujer/objeto de Kayne West, es en sí mismo un acto de abuso consensuado y la visibilización de un comportamiento misógino que no tuvo ninguna reacción por parte de los organizadores del evento en detrimento de la imagen de la mujer a nivel social.
Kayne West famoso por su música catapultó su fama al convertirse en el esposo de la mediática Kim Kardashian y padre de sus cuatro hijos. La ruptura de esa relación fue muy comentada y resaltó aún más su personalidad narcisista y misógina, se le vio al lado de muchas mujeres antes de casarse nuevamente con Bianca Censori, la modelo que ha causado revuelo por su particular forma de vestir, por lo diminuto de sus prendas que son cada vez más pequeñas, atrevidas y sexualizadas.
Ella, una arquitecta australiana empezó a trabajar para la firma Yeezy de propiedad de Kayne y rápidamente iniciaron una relación sentimental, cabe resaltar que esta relación comenzó de entrada con un marcado componente de subordinación, él era su jefe y nada indica que ese cuadro jerárquico haya cambiado luego de su matrimonio, pues más que compañera parece ser un accesorio luminoso a su lado.
El antes y después de Censori da a entender que su nueva imagen es influenciada y al parecer presionada por West. Ella, cada vez más escandalosa, más descubierta, más incómoda “se llegó a vestir con un cojín”, y más vulnerable, llegó a su clímax este domingo 2 de febrero de 2025, al vestir “nada”. Ya las anteriores compañeras de West habían denunciado de parte de él, un comportamiento controlador casi obsesivo con la imagen de ellas y Censori parece no ser la excepción. En contraste los atuendos de West son cada vez más prolijos y abundantes, en colores oscuros y hasta cubriendo por completo su cara, lo que resalta aún más los atuendos escandalosos de su acompañante.
Todo estaría bien si este show correspondiera a una expresión artística de Censori, pero todo apunta que es orquestado por su esposo con su afán de protagonismo. El paso por el altar hizo un cambio de imagen evidente en ella más no en él, convirtiéndola en una copia al carbón de su ex, Kim Kardashian. Está a gusto con su papel de objeto-instrumento para los fines megalómanos, narcisistas y comerciales de su esposo, cuyo único interés es promover sus emprendimientos.
West en esta ocasión la dejó quitarse el abrigo lentamente, parecía darle órdenes de cómo debía hacerse y se hizo a un lado. Y como un buen presentador de circo, enseñó a su fenómeno y se quedó vigilante de la reacción debajo de sus gafas oscuras, no tuvo la valentía siquiera de mirar de frente y hasta bajó la cabeza. Expuso a su propia esposa a todo tipo de comentarios no la presentó como su igual, podrían ambos ir desnudos, pero no, al final solo ella es la expuesta, la vulgar, la degenerada, la irruptora. Su montaje bien planificado logró su objetivo, no estaba interesado en participar de los Grammys y prueba de ello es que ambos se fueron justo antes de empezar la ceremonia, no fueron retirados como muchos afirman, se fueron por su propia voluntad sin ningún contratiempo, todo por el rating.

… ellas no se presentan en estos espacios como iguales, sino como objetos, y eso, en el subconsciente social, les resta importancia y solo se espera el circo mediático alrededor de su cuerpo, las separan de su humanidad y por eso es fácil desecharlas, eliminarlas, denigrarlas, insultarlas, golpearlas, acabarlas, al fin, son solo “objetos” y los objetos no sienten.
Este tipo de espectáculos hacen que la sociedad asuma como normal que la mujer se convierta en un objeto de exhibición, lo más preocupante es que este show mediático deja en detrimento la imagen de la mujer a nivel global. La cosificación a la que continuamente estamos expuestas se acentúa más con este tipo de eventos de grandes audiencias. Vulnera a la mujer, no por el componente de la censura, porque el cuerpo de la mujer es perfecto y hermoso, sino que lacera lo conseguido a través de los años con respecto a la forma como se percibe a la mujer en la sociedad. Es evidente que un desnudo va a causar viralización y generación de clics, pero es reprochable porque al no tener un mensaje que soporte el desnudo se transforma en el detonante para todo tipo de violencia, ya que ellas no se presentan en estos espacios como iguales, sino como objetos, y eso, en el subconsciente social, les resta importancia y solo se espera el circo mediático alrededor de su cuerpo, las separan de su humanidad y por eso es fácil desecharlas, eliminarlas, denigrarlas, insultarlas, golpearlas, acabarlas, al fin, son solo “objetos” y los objetos no sienten.

Por: Margarita María Echavarría Ruíz
Comunicadora social – Periodista de la Universidad de Antioquia con Maestría en Gestión Cultural.
