Podemos llevar casco y botas sin dejar de ser mujeres. Nuestra presencia no debilita: transforma.
Por redacción SMD y Rosemarie Acosta Lugo
En ocasión del Día Internacional de la Mujer en el Sector Marítimo, la Universidad Marítima Internacional de Panamá ha reconocido a mujeres que, con su trayectoria, visibilizan el esfuerzo, la entrega y el liderazgo femenino en un entorno históricamente masculino. Entre ellas, destaca la ingeniera naval Ana Gabriela González Velarde, una mujer que ha sabido transformar cada desafío en una oportunidad para reafirmarse.
“Ser mujer no significa renunciar a nuestra esencia. Al contrario, es demostrar que la firmeza no está reñida con la sensibilidad. La disciplina puede ir de la mano con la empatía. Podemos llevar casco y botas sin dejar de ser mujer”, expresó Ana Gabriela al recibir su distinción, recordándonos que la presencia de las mujeres en sectores técnicos no debilita: complementa, transforma y enriquece.
Un buque de sueños, una voluntad firme
Ana Gabriela nació en Puerto Armuelles, provincia de Chiriquí. Cuando dejó su hogar familiar para iniciar sus estudios, cargaba en el alma un “buque de sueños enormes por alcanzar y la voluntad firme de cumplir sus metas”, aunque entonces aún no sabía cómo sería ese recorrido.
Ingresó a la Universidad Marítima Internacional de Panamá cuando aún se llamaba Escuela Náutica. Recuerda con claridad aquel enero del propedéutico, un primer paso en un entorno donde todavía muchos pensaban que “esto no es para mujeres”. Pero, como ella misma dice, eso ya es historia antigua.
Fue parte de la primera promoción de la carrera de Ingeniería en Construcción Naval, junto a otros 19 estudiantes: una generación pionera, a la que llaman —no oficialmente— “la punta de lanza”. Aunque su vocación inicial apuntaba hacia cubierta, supo que había encontrado su lugar.

Rompiendo barreras en el astillero y más allá
Durante su primer año, una pasantía en el Astillero Balboa y la visión cercana de un buque marcaron su camino. En lugar de retroceder ante las dudas ajenas —“¿Qué haces aquí?”, “¿No es muy difícil para una mujer?”—, se quedó, aprendió, se graduó y construyó una carrera profesional ejemplar.
Actualmente, trabaja en el área de inspección no destructiva (NDT) dentro del entorno naval. Es un campo técnico, exigente y apasionante, donde su trabajo es valorado y respetado.
“Lo que antes parecía excepcional, hoy ya empieza a sentirse común. Cada vez somos más.”
Una oficial, hoy colega suya, le dijo alguna vez:
“Si un hombre tiene que dar el 100%, una mujer siempre tiene que dar el doble o el triple. Pero cuando una mujer lo logra, nunca pasa desapercibido.”
Y Ana Gabriela lo confirma: el respeto no se pide, se gana. Con esfuerzo, profesionalismo y constancia.
Madre, ingeniera, mujer: una jornada con propósito
Además de su vida profesional, Ana Gabriela es madre. Como muchas mujeres, vive esa doble jornada entre el trabajo y el hogar. Tiene una hija que la espera cada día y, para ella, llegar a casa representa una recompensa de amor silencioso y profundo.
“Estoy convencida de que muchas de ustedes también hacen ese esfuerzo diario, ese acto de amor que pocas veces mencionamos, pero que vale tanto como cualquier logro profesional.”
Una historia que representa a muchas
La historia de Ana Gabriela no es única, pero sí es profundamente representativa. Es una historia de lucha, de sacrificio, de pasión. De romper barreras, abrir puertas y no rendirse cuando el camino se vuelve empinado. Por eso, su mensaje final nos interpela a todas:
Sí se puede.
Sí se puede ser mujer y liderar.
Sí se puede ser madre, esposa y profesional.
Sí se puede venir de cualquier rincón del país y dejar huella.
Nosotras no vinimos a encajar en un molde. Vinimos a transformarlo y construir uno nuevo. A demostrar que la inclusión real no es un discurso: es un camino que caminamos con firmeza, con trabajo y con ese toque valioso que solo nosotras sabemos ofrecer.
