Por: Rosemarie Acosta Lugo
En 2050, siete de cada diez habitantes del planeta vivirán en ciudades, muchas de ellas convertidas en megalópolis con más de diez millones de personas. En este escenario, los niños, niñas y adolescentes representarán una parte significativa de la población urbana.
“Estamos convencidos de que una ciudad pensada por y para la niñez siempre será una ciudad mejor para todos”, afirma Neslin Arce Mendizábal, vicepresidenta de The Foundation Gandhi Mandela-Panamá. El desafío es construir entornos urbanos saludables, seguros y amigables, donde las necesidades de los más pequeños sean una prioridad.
Infancia refugiada: cifras que interpelan
La niñez es una de las principales víctimas del desplazamiento forzoso. Según ACNUR, los niños y niñas constituyen el 29% de la población mundial, pero representan el 40% de las personas desplazadas.
En el mundo, más de 43 millones de niños y niñas han dejado sus hogares por el cambio climático, mientras que alrededor de 28 millones lo han hecho por conflictos o violencia. A finales de 2024, la cifra global de personas refugiadas alcanzó los 123,2 millones.
La región no escapa a esta realidad. En Panamá, UNICEF reportó que en 2023 113,000 niños, niñas y adolescentes atravesaron la selva del Darién, representando más del 20% de la migración total en ese corredor. De enero a noviembre de 2024, casi 4,500 menores no acompañados hicieron ese recorrido, un aumento del 35% respecto al año anterior.
“Debemos hablar de toda la infancia, no solo de la que tiene papeles o nació aquí. Los derechos de los niños no pueden depender de un estatus migratorio”, advierte Rubén Farje, representante de la OEA.
Impactos invisibles: salud mental y cambio climático
Huir de la guerra, del hambre o de la discriminación deja heridas profundas. Expertas en salud infantil advierten que la falta de atención psicológica a los menores migrantes y refugiados puede marcar su desarrollo durante décadas.
El cambio climático añade otra capa de vulnerabilidad. Según UNICEF y CEPAL, al menos 5,9 millones de niños, niñas y adolescentes adicionales en América Latina vivirán en pobreza para 2030 debido a sus impactos, si no se toman medidas urgentes. Además, entre 2016 y 2021, 2,3 millones de desplazamientos internos de menores en la región fueron causados por desastres climáticos.
“Los niños son los menos responsables de los daños medioambientales, pero los más afectados. Su salud y su futuro están en riesgo desde antes de nacer”, explica Norma Nolasco A., especialista en Derechos Humanos y Pueblos Originarios en Las Américas.
Siete puntos para avanzar en Panamá
En Panamá, más de 25 ONG y grupos cívicos han consensuado siete prioridades para garantizar una infancia y juventud formadas en paz y con dignidad:
- Reconocer a los niños y niñas como ciudadanos plenos, con derecho a participar en las decisiones que les afectan.
- Asegurar acceso universal a la educación de calidad.
- Garantizar atención integral a la salud física y mental.
- Diseñar infraestructura urbana pensada para la infancia, segura y accesible.
- Crear espacios públicos multifuncionales que promuevan el juego y la convivencia.
- Impulsar intervenciones comunitarias que favorezcan trayectorias seguras en barrios y ciudades.
- Integrar un enfoque amigable para la niñez en todas las políticas de planificación urbana.
Sobre este esfuerzo, el Centro de Estudios de las Ciencias Sociales (CENICS) destacó que la visión de ciudades amigables para la infancia puede convertirse en un eje unificador para políticas progresistas en la región.
Voces que inspiran
“Queremos respirar aire libre de contaminación, caminar sin miedo y recibir comida y vestido como prioridad. Queremos ser considerados ciudadanos capaces de contribuir al desarrollo de nuestro planeta”, expresan niños y niñas participantes en foros juveniles sobre la Ruta 2050.
El mensaje es claro: la calidad de vida de las poblaciones urbanas —y en particular de la niñez— definirá el futuro global. Apostar por ciudades inclusivas y seguras para los más pequeños no es solo un deber ético, sino una inversión estratégica en la humanidad.
Enfoque desde FEMUPERP
Desde la Federación de Mujeres Periodistas y Relacionistas Públicas (FEMUPERP), con presencia en 15 países, se insiste en que la construcción de la Ruta 2050 debe ser también una oportunidad para transformar las políticas de salud y comunicación con enfoque de género. “La infancia y la juventud no pueden ser invisibles en las decisiones de Estado; urge escucharlas y darles voz en la construcción de sociedades más justas”, sostienen sus representantes.
Perspectiva periodística
En este contexto, Alexandra Patiño, directora de Revista Somos Mujer, subraya que el periodismo con perspectiva de género tiene un rol clave para visibilizar cómo las ciudades impactan la vida de la niñez. “Cuando una sociedad entiende que cuidar a su infancia es cuidar su futuro, las políticas públicas dejan de ser asistenciales y se convierten en compromisos de justicia social”.

