El turismo cultural y comunitario puede convertirse en una oportunidad real para Panamá si se reconoce el papel de las mujeres en la preservación del patrimonio, el emprendimiento local y el desarrollo sostenible.
El turismo sigue siendo uno de los sectores con mayor capacidad para articular economía, patrimonio, identidad y desarrollo local. En ese escenario, la participación de las mujeres resulta decisiva. De acuerdo con un Turismo, las mujeres representan el 54% de la fuerza laboral turística a nivel mundial, una proporción superior al promedio de 39% registrado en la economía general. En las Américas, su participación alcanza el 57%, según datos citados por el Banco Interamericano de Desarrollo.
Sin embargo, esa presencia mayoritaria no siempre se traduce en igualdad. Los organismos internacionales coinciden en que las mujeres suelen concentrarse en empleos de menor remuneración, con menos estabilidad y menor acceso a puestos de liderazgo. Esta realidad confirma que el turismo no solo debe medirse por su aporte económico, sino también por su capacidad para reducir brechas y ampliar oportunidades.
En Panamá, el sector ofrece un terreno importante para fortalecer el emprendimiento femenino, el turismo comunitario y la preservación de saberes locales. Mas que repetir cifras cuya actualización no siempre es clara, conviene subrayar un hecho verificable: las mujeres sostienen buena parte de la experiencia turística desde la hospitalidad, la gestión de servicios, la artesanía, la gastronomía, la mediación cultural y el trabajo comunitario. Su aporte no es accesorio; es estructural para pensar un turismo con identidad y arraigo territorial.
Desde esa mirada, Claudia Mojica, directora de Asuntos Internacionales de Turismo de FEMUPERP, propone la Ruta de los Encuentros Culturales: Del Istmo al Caribe, un recorrido que pone en valor la diversidad étnica, histórica y natural de Panamá. La propuesta conecta espacios emblemáticos del país y abre la posibilidad de integrar patrimonio, memoria, intercambio cultural y desarrollo económico local.
La ruta partiría de la ciudad de Panamá con paradas en el Casco Antiguo y Panamá Viejo, dos referentes fundamentales para comprender la historia ístmica y la huella de los intercambios entre pueblos y continentes. Desde allí, el recorrido podría avanzar hacia el Camino de Cruces y el Camino Real, rutas históricas vinculadas a la conexión entre el Caribe y el Pacifico, hoy resignificadas también como espacios de memoria, patrimonio y turismo cultural.
El trayecto continuaría hacia Portobelo y San Lorenzo, donde la herencia afrodescendiente, las expresiones de la cultura Congo y el valor histórico de las fortificaciones coloniales convierten la zona en un punto clave de la narrativa turística panameña. También incluiría Gunayala y comunidades indígenas vinculadas a experiencias de turismo responsable, asi como Bocas del Toro, donde confluyen tradiciones afrocaribeñas e indígenas. El cierre natural de esta ruta estaría en las provincias centrales, especialmente Los Santos y Herrera, donde el folclore, la indumentaria tradicional y las expresiones festivas siguen siendo parte viva de la identidad nacional.
Mas que una suma de destinos, esta propuesta sugiere una forma distinta de mirar el turismo: como una herramienta de encuentro intercultural y de desarrollo local con participación comunitaria. Para que ese modelo sea sostenible, resulta indispensable que las visitas a territorios indígenas y afrodescendientes se realicen con respeto, mediación local y beneficios concretos para las comunidades. El turismo cultural no puede descansar en la apropiación ni en la folklorización de las identidades; debe construirse desde el reconocimiento y la corresponsabilidad.
En este marco, la sostenibilidad tambien dialoga con la transicion energetica. Panama cuenta con una hoja de ruta que proyecta que 70% de su matriz energetica podria provenir de fuentes renovables para 2050. Si ese horizonte se articula con politicas de turismo responsable, los alojamientos comunitarios y las iniciativas territoriales podrian incorporar soluciones de energia limpia, gestion eficiente de recursos y practicas de menor impacto ambiental.
La tecnologia, por su parte, puede ser una aliada si se utiliza con criterio social y territorial. Herramientas digitales para reservas, analisis de flujos de visitantes, promocion de emprendimientos locales o experiencias educativas pueden fortalecer la visibilidad de rutas culturales y mejorar la gestion del turismo. No obstante, la innovacion debe estar al servicio de las comunidades y no sustituir su protagonismo.
Rosemarie Acosta Lugo, presidenta honoraria de FEMUPERP, ha destacado que el turismo regenerativo y responsable requiere integrar cultura, sostenibilidad e inclusion. En esa misma linea, Liz de Icaza de Herrera, presidenta de AFEET, ha subrayado el potencial del sector para convertirse en un motor de desarrollo con mayor participacion de las mujeres. Esa apuesta cobra sentido cuando se entiende que el turismo no solo mueve visitantes: tambien puede fortalecer la economia local, preservar la memoria historica y ampliar espacios de autonomia para las mujeres.
Pensar el turismo desde una perspectiva de genero implica reconocer quienes sostienen la experiencia turistica, quienes narran el territorio y quienes quedan fuera de los beneficios. Panama tiene en su riqueza cultural una ventaja indiscutible. El reto esta en convertirla en politica publica, en oportunidad economica con justicia y en una experiencia de viaje que respete a las comunidades que hacen posible esa diversidad.
