En el debate de Filadelfia, Kamala Harris desarmó a Donald Trump con su serenidad y una sonrisa que capturó a millones de televidentes, dejando claro quién tiene la visión para el futuro de EE.UU.
Por: Marcos Castillo Pérez
Este martes se llevó a cabo el debate Harris Vs. Trump en la histórica ciudad de Filadelfia, capital del Estado de Pensilvania, conocida como “La cuna de los Estados Unidos” por haber sido la primera capital estadounidense y el lugar donde se celebró el primer congreso y la convención constitucional del país norteamericano. Según las más conocidas encuestadoras Pensilvania es uno de los denominados estados clave para las elecciones de 2024 junto a Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Carolina del Norte y Wisconsin, en estos 7 estados, ni la vicepresidenta Kamala Harris, ni el expresidente Donald Trump tienen una clara ventaja el uno sobre el otro, por lo que tanto la campaña demócrata como la republicana se esforzarán por conquistar su electorado y tratar de asegurar el triunfo en las elecciones del 5 de noviembre.
El debate de este martes despertó una gran expectativa entre los electores en general, pero especialmente entre los denominados indecisos que son un segmento apetecido tanto para los estrategas demócratas como republicanos, además, el debate llegaba en un momento en el que, según la mayoría de las encuestas las preferencias de los votantes hacia Harris y Trump se encontraban bastante parejas, por lo que el debate podría provocar un cambio en la intención de los electores, y dar un impulso importante para quien lograse transmitir el mensaje más convincente.
Trump confiado en su estilo arrollador y de ataque acompañado de bulos, teorías de conspiración y mentiras descaradas, pensó que sería suficiente para ganarle el debate a la vicepresidenta Harris, sin embargo, se tropezó con una mujer serena, segura de sí, determinada y con dominio absoluto de su lenguaje corporal, atributo que le resultó a la postre determinante para apoderarse de la atención mayoritaria de algo más de 67 millones de televidentes, que según Nielsen, la empresa líder de análisis de audiencias vieron el debate.

Kamala Harris se mostró segura y tomó la iniciativa desde el momento que entró al escenario, se acercó al espacio de su adversario y le tendió la mano, Trump un tipo arrogante, machista y con escasos modales fue tomado por sorpresa, nunca se esperó tal osadía de una dama a la que había subestimado, en ese momento tuvo su primer trastabillón.
Pero la imagen que marcó la noche y quedó grabada en la teleaudiencia fue el momento en el que el expresidente echó mano de su narrativa exagerada, manipuladora y mentirosa al afirmar: «Millones de personas llegan a nuestro país procedente de prisiones y cárceles, de instituciones mentales y manicomios. Se están apoderando de las ciudades. Están tomando edificios. Están entrando violentamente. En Springfield, se están comiendo los perros, la gente que entró, se está comiendo los gatos, se está comiendo las mascotas de la gente que vive allí» mientras Trump repetía el bulo la vicepresidenta se ponía la mano en la mejilla y miraba directamente al rostro del expresidente, la expresión de incredulidad y la incontenida risa de Kamala contagió a millones de televidentes, que en ese momento miraban el debate y se identificaron con ella al coincidir en que la terrorífica, sesgada y xenofóbica historia de Trump, era dudosa e imposible de creer, tanto así que los moderadores del debate le recordaron a este que las propias autoridades de la ciudad de Springfield, en el estado de Ohio, habían descartado esa noticia. Los gestos de la mujer que aspira a convertirse en la primera presidenta en la historia de Los Estados Unidos sin duda fueron espontáneos y se ganaron la empatía de los electores que vieron en ella una persona cercana, sincera, compasiva pero determinada y firme.
Por días y semanas se seguirá hablando y escribiendo sobre este histórico debate, que para la mayoría entre los que me cuento, ganó sin duda alguna Kamala Harris, muy a pesar de los comentarios y denuestos de la feligresía retrógrada, que apoya ciegamente a Trump, como es el caso del millonario dueño de la red social X, Elon Musk y otros todopoderosos que, como él, sueñan con el retorno del “sumo sacerdote” del patriarcado, el conservadurismo, el supremacismo blanco y el capitalismo salvaje.
La noche del martes 10 de septiembre de 2024, una mujer de tez oscura, hija de migrantes de Jamaica y la India, dejó en evidencia al bravucón blanco, al redneck engreído que representa un pasado que ya no quieren la mayoría decente de los Estados Unidos, Kamala Harris, como en sus tiempos de fiscal general del Estado de California acorraló al pillo de saco, corbata y cabellera dorada, derrotando con claridad su estilo descalificador y ofensivo.

“Es hora de pasar la página, hay que seguir adelante, dijo Harris, al cierre del debate en una clara referencia a Trump, a quien tachó de ser una figura que divide a la sociedad estadounidense y que está más interesado en sí mismo que en los ciudadanos”. El martes 5 de noviembre, los electores decidirán; si quieren un gobernante con delirios de grandeza y aferrado al pasado caduco representado por el expresidente Trump o uno progresista, que le apuesta al futuro, la defensa de los derechos de las mujeres y las minorías y que procure la preservación de las libertades democráticas que encarna la figura de Kamala Harris. Se trata de una batalla entre el pasado y el futuro.
El autor es comunicólogo y expresidente del Colegio de Periodistas de Panamá.
